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¿Qué es la Glucosa?

: ¿Glucosa y azúcar es lo mismo? ¿La glucosa es un carbohidrato?

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La Glucosa
¿Glucosa y azúcar es lo mismo? ¿La glucosa es un carbohidrato?

A menudo escuchamos expresiones tales como que hay que cuidar el nivel de glucosa en la sangre, que hay que llevar una dieta equilibrada en carbohidratos, proteínas y grasas, o que no debemos comer según qué alimentos porque tienen mucho azúcar; y seguro que nos hacemos muchas preguntas, como por ejemplo: ¿Qué es la Glucosa? ¿Glucosa y azúcar es lo mismo? ¿La glucosa es un carbohidrato?

Pues bien, la glucosa es una forma simple de azúcar compuesta por seis átomos de carbono, seis átomos de oxígeno y doce de hidrógeno. De forma libre, es decir, la glucosa sola, o combinada, formando moléculas más grandes, es el compuesto orgánico más abundante de la naturaleza.

Desempeña una función importantísima en nuestro organismo porque es la responsable de proporcionarnos la energía necesaria para que las células lleven a cabo sus funciones, como la digestión, la reparación de los tejidos, la multiplicación celular, etc.

Hay sobre todo dos tejidos que la necesitan principalmente: en primer lugar los músculos, cuando nos movemos, hacemos ejercicio o para que se mantengan los latidos del corazón, que es el músculo más importante, es necesaria la glucosa. En segundo lugar, el sistema nervioso central, el cerebro, es el principal consumidor de este compuesto del que hablamos en estas líneas.

Para que esto se lleve a cabo el cuerpo obtiene la glucosa, que es la molécula más sencilla de todos los azúcares, de los carbohidratos, que serían, por definirlo de alguna manera, un montón de glucosas juntas que hay que separar para poderlas aprovechar. Esto se produce mediante complejas enzimas que tiene nuestro organismo.

Cuando nos comemos, por ejemplo, un bocadillo, en primer lugar lo masticamos cuidadosamente en la boca. Una vez en el estómago, una serie de moléculas se encargan de separar los azúcares o carbohidratos del resto de nutrientes. Pasan al intestino delgado y se absorben llegando hasta la sangre. Una vez allí, cuando el nivel de azúcar en la sangre sube, empiezan a funcionar unas células del páncreas que se llaman células beta; estas son las encargadas de secretar a la sangre la insulina. Sin ella el azúcar no se puede utilizar en algunos tejidos como el hígado o los músculos. La insulina se une a la glucosa distribuyéndose por todo el cuerpo y proporcionando energía a las células. Esto ocurre de esta manera en todo el cuerpo menos en el cerebro, que debido a su necesidad imperiosa de glucosa no necesita de insulina para funcionar.

Cuando comemos muchos hidratos de carbono, el cuerpo tiene un exceso de azúcar (glucosa) circulante en la sangre. Con la glucosa que sobra, el hígado y los músculos se encargan de guardarla y almacenarla en forma de otra molécula un poco más compleja que se llama glucógeno. Cuando el cuerpo se encuentra con un exceso de glucógeno almacena toda la energía que no puede gastar, en forma de grasa, más concretamente en los adipocitos, que son las células encargadas de almacenar la, y es aquí, cuando el cuerpo tiene demasiada energía que no gasta, donde comienzan los problemas.

Ahora que ya sabemos la importancia de la glucosa, tenemos que ser conscientes que para nosotros ingerir hidratos de carbono es como echar gasolina a un coche y tiene vital importancia, siempre que se haga mediante una dieta equilibrada y sin excesos. Los alimentos que más hidratos de carbono tienen son las frutas, los cereales, las pastas, el arroz, y ahora sabemos que comiéndolos con moderación son una fuente importantísima de energía.

Dra. Teresa Martínez Boyero

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